Tu Cuento Personalizado

Xabier y el Hada del Bosque

Había una vez, un niño llamado Xabier que vivía en una casita cerca de un bosque. A Xabier no le gustaba nada ir al colegio. Siempre estaba refunfuñando cuando su mámá le despertaba para ir a la escuela. No le gustaba madrugar, no le gustaba aprender. Xabier sólo tenía ganas de jugar.

Un día, se le apareció un hada del bosque y le ofreció a Xabier un pacto. Le concedería el deseo de dejar de ir al cole para siempre a cambio de sus recuerdos. Xabier imaginó cómo sería su vida todo el día jugando y sin obligaciones y accedió encantado. En ese instante, empezó a sentir una especie de cosquilleo por la cabeza.

Xabier acababa de salir de clase y se dirigía a casa pero en ese momento se dio cuenta de que no sabía dónde vivía. Había perdido por completo la memoria. No recordaba dónde estaba su casa. No recordaba quiénes eran sus padres. No recordaba a sus amigos. ¡Ni siquiera sabía su nombre!
Fue entonces cuando se puso a caminar y tras varias horas empezó a sentir un casancio y un hambre terrible y rompió a llorar. Su llanto llamó la atención de unos ancianos que le acogieron en su hogar y trataron de encontrar a su verdadera familia. Xabier había caminado tanto que estaba muy lejos y nadie le conocía.

Los ancianos le cuidaron con mucho cariño pero Xabier se sentía muy solo. Se aburría mucho porque no tenía nada que hacer. Sabía que algo no andaba muy bien.
Una mañana al levantarse, la anciana dijo que como no sabía cuándo era su cumpleaños, ese día haría una tarta para celebrar su día especial.

Al llegar a la mesa, el olor a pastel recién hecho le trajo gratos recuerdos… le recordó a su hogar. Comenzó a recordar los pasteles que le hacía su madre y esa agradable sensación de escuchar a su famila sonriendo y cantando villancicos en Navidad. Todas sus vivencias se agolparon en su mente y le trajeron de vuelta todos sus recuerdos. Se acordó de sus padres, de sus amigos e incluso de su mascota y su escuela. La amable ancianita al escuchar su verdadero nombre y la dirección de su casa, decidió llevarle allí cuanto antes.

Al llegar, toda la familia recibió a Xabier entre sollozos. ¡Estaban tan preocupados!

Desde ese día, Xabier no volvió a quejarse de tener que ir al colegio. Disfrutó muchísimo aprendiendo cosas nuevas y jugando en el recreo con sus amigos. De vez en cuando iba a visitar a los ancianos que tan bien le habían acogido y a los que llamaba abuelos.
Se convirtieron en su segunda familia.

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