Tu Cuento Personalizado

Luciana y el Hada del Bosque

Había una vez, una niña llamada Luciana que vivía en una casita cerca de un bosque. A Luciana no le gustaba nada ir al colegio. Siempre estaba refunfuñando cuando su mámá la despertaba para ir a la escuela. No le gustaba madrugar, no le gustaba aprender. Luciana sólo tenía ganas de jugar.

Un día, se le apareció un hada del bosque y le ofreció a Luciana un pacto. Le concedería el deseo de dejar de ir al cole para siempre a cambio de sus recuerdos. Luciana imaginó cómo sería su vida todo el día jugando y sin obligaciones y accedió encantada. En ese instante, empezó a sentir una especie de cosquilleo por la cabeza.

Luciana acababa de salir de clase y se dirigía a casa pero en ese momento se dio cuenta de que no sabía dónde vivía. Había perdido por completo la memoria. No recordaba dónde estaba su casa. No recordaba quiénes eran sus padres. No recordaba a sus amigos. ¡Ni siquiera sabía su nombre!
Fue entonces cuando se puso a caminar y tras varias horas empezó a sentir un casancio y un hambre terrible y rompió a llorar. Su llanto llamó la atención de unos ancianos que la acogieron en su hogar y trataron de encontrar a su verdadera familia. Luciana había caminado tanto que estaba muy lejos y nadie la conocía.

Los ancianos la cuidaron con mucho cariño pero Luciana se sentía muy sola. Se aburría mucho porque no tenía nada que hacer. Sabía que algo no andaba muy bien.
Una mañana al levantarse, la anciana dijo que como no sabía cuándo era su cumpleaños, ese día haría una tarta para celebrar su día especial.

Al llegar a la mesa, el olor a pastel recién hecho le trajo gratos recuerdos… le recordó a su hogar. Comenzó a recordar los pasteles que le hacía su madre y esa agradable sensación de escuchar a su famila sonriendo y cantando villancicos en Navidad. Todas sus vivencias se agolparon en su mente y le trajeron de vuelta todos sus recuerdos. Se acordó de sus padres, de sus amigos e incluso de su mascota y su escuela. La amable ancianita al escuchar su verdadero nombre y la dirección de su casa, decidió llevarle allí cuanto antes.

Al llegar, toda la familia recibió a Luciana entre sollozos. ¡Estaban tan preocupados!

Desde ese día, Luciana no volvió a quejarse de tener que ir al colegio. Disfrutó muchísimo aprendiendo cosas nuevas y jugando en el recreo con sus amigos. De vez en cuando iba a visitar a los ancianos que tan bien le habían acogido y a los que llamaba abuelos.
Se convirtieron en su segunda familia.

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